Cómo pasé de odiar los idiomas a hablar cuatro. FUCK OFF A TUTTO.

Jelou ebriwán! Hoy vengo a hablar de la pelea que he tenido siempre con los idiomas. Hasta el punto de pensar que jamás aprendería otro idioma, porque ni me gustaba aprenderlos, ni les veía uso ninguno. Ay… juventud, divino tesoro de la ignorancia… En fin, Serafín. ¡Empecemos!

Contextualización

Yo siempre, siempre, siempre (y cuando digo siempre, es siempre) he suspendido inglés para septiembre. El único año que aprobé fue en segundo de Bachillerato, pero dio igual, porque luego la suspendí en Selectividad (4,5 y me sentí la mar de orgullosa. Era una notaza para mí).
No me gustaba aprender inglés (y me sigue sin gustar) . No me gustaban los idiomas en general. Le cogí tirria a todo lo que fuera en otra lengua.

¿Y eso? Dos factores:

Factor namber guan: Crecí con la idea (gracias a ciertos profesores y a la de mi madre con su frase: “es que a ti los idiomas se te dan fatal”) de que a mí los idiomas se me daban –adivinad- F A T A L 🙂
Antiguamente en la ESO, podías elegir Francés como optativa. Cuando me dieron el formulario, yo escogí la casilla del segundo idioma. No sé, me molaba la idea de aprender francés. Sin embargo, vinieron mis profesores y me “aconsejaron”: ‘Amavéh, nenica. Hay tres opciones: refuerzo de Mates, refuerzo de Lengua y tercer idioma, Francés. Tú suspendes Matemáticas, Lengua e Inglés. El francés es para quien aprueba Matemáticas y Lengua. Además, si ya se te da mal el inglés, ¿qué te hace pensar que vas a aprobar francés? (No, no era una estudiante estrella, como puedes comprobar jaaajaja).

Factor namber chu: ¿No os ha pasado que vuestros profesores de inglés nunca os hablaban en ingles? (Si sí os hablaban en inglés es que o no soy españoles, o en verdad ellos eran aliens ingleses). Y no sólo eso, las clases eran aburridas, leer textos aburridos, hacer ejercicios de rellenar huecos (que tú en realidad piensas, “si yo sólo quiero que me rellene el mío un inglés macizorro…” Vaaaale, quizás yo era la única que pensaba eso…).

Total, que pasaron los años, un día me eché un novio. Este novio se fue de Erasmus. Fui a verlo. Empecé a chapurrear en italiano con su compi de piso. Volví a España y pensé “Mmmm…”. Pero poco más, ahí se quedó la cosa.

Ya en la universidad tuve una asignatura de Inglés. Mi profesor era un capullo, pero nos hablaba en inglés todo el rato y, lo más importante, nos enseñaba cultura inglesa. Cosas sin importancia, pero que molaban

Jelou (con asentou britis). Yo soy Winston Churchill alzando los dedos en señal de éxito, pues me he hecho dos cups of tea.
Y yo soy el mismo pero diciendo que SUS jodan cabroneeesss MUAHAHAHAHAHAH MUAHAHAHAHHA MUAHAHAHAHA MUAHHAH MUAHAHAHAHHA MUAHAHAHHAHAHA!!!!

Por ejemplo, que en Inglaterra dos dedos hacian dentro significa “f*ck you”. Y dos dedos hacia fuera significa paz, éxito, quiero dos, o soy un posturetas y me hago una foto a lo Fama a Bailar. Depende.

A lo que iba. Era la primera vez que estaba aprendido algo de verdad, algo que no fuera gramática. Me lo habían contado en inglés y encima era divertido. El inglés servía para algo. Aunque parezca una locura, yo de verdad que no le encontraba utilidad alguna.

Por cierto, ¿os acordáis del novio éste que estaba de Erasmus? ¿Ése de hace cuatro párrafos? Me la lió un poquitín. Yo compré unos billetes para irnos juntos a su ciudad Erasmus y él, el día de antes, me dijo que no se venía. Por supuesto, corté con él. Y la cagué, porque no me fui sola. Ni con una amiga. Simplemente, no me fui. Lo dejé pasar. A los días, cuando ya había perdido el vuelo. Llamé a mi amiga J, y ella me dijo: “La madre que te *****, ¡nos podríamos haber ido juntas! Bueno, voy para tu casa ya mismo y nos compramos el billete más barato que haya adonde sea”.

Y así fue cómo hice mi primer viaje. Nos fuimos a Inglaterra. Liverpool, Manchester y Londres. Ahí me di cuenta de que realmente no tenía ni idea de hablar inglés. Sí, mi profesor nos hablaba en ese idioma, pero nosotras no hablábamos nada. Toda la gramática que había aprendido, todos los tiempos verbales, las contracciones, los idioms… Todo el inglés que sabía, no me servía para nada. ¿Por qué? Porque cuando viajas no vas con una libreta en la mano escribiendo frases gramaticalmente perfectas. Da igual que sepas escribir “Excuse me, do you know where Piccadilly Circus is?” si te vas a tirar media hora pensando en el auxiliar, en si es una pregunta indirecta dentro de una directa o en si la reina ha desayunao beans on toast. Blabla. Pamplinas. Acabábamos diciendo: “Sorry, Piccadilly, where?” Porque no había tiempo para formular frases perfectas. Si no, la peña se aburre, se va y te quedas sin saber dónde está pero, eh, a cambio tienes una frase gramaticalmente correcta. Well done.

–Primer idioma:

Un buen día decidí apuntarme a un curso básico de “lenguaje de signos” de eso que utilizan los “sordomudos”. ¿Por qué? No sé, un día vi este videoclip, me moló la idea y me apunté. Luego resultaron ser clases de lenguaje de signos española (LSE, porque depende del país) para poder comunicarte con personas sordasmudas.
La verdad es que es una de las pocas cosas de este mundo que pueda decir que se me daba realmente bien. Pillaba las cosas muy rápido y además me gustaba. Realmente me divertía. Le dedicaba muchas horas en casa porque me apasionaba.
Mis profesores del curso me animaron a meterme al ciclo superior (que existía por aquel entonces). Y así hice. Lo compaginé con la carrera (mala idea, porque iba un poquiiiiiiiito estresada), pero lo conseguí. Aprendí un idioma visual, con una cultura curiosísima detrás. Por ejemplo, si una persona sorda te ve más gorda, te lo va a decir en toda la cara, porque su cultura es más directa, más visual. Lo ven, lo dicen. No está “mal visto” hacer apreciaciones visuales ¿Lo pillas? ¡Mal visto! Muahahahaha Vale, no, déjalo, ya me pego yo.
Son personas superexpresivas con una imaginación y una creatividad para contar las cosas… No sé, es un mundo supercurioso.

Holissss. Este vídeo lo hice con mis peques sordos del cole donde hice las prácticas
Derecho a comunicarnos en lengua de signos hoy y siempre ^^,

–Segundo idioma:

Años después me fui a Nápoles de Erasmus. Iba a clases de italiano básico antes de irme. La profesora era muy buena: hablaba en italiano todo el rato y nos contaba sus choques culturales en España. ¿Un café con hielo? Cómo podéis blasfemar de esa manera. Es una falta de respeto para el café. Reíamos a carcajadas. Además, nos dejaba los últimos quince minutos de clase para que le preguntáramos palabrotas o frases útiles para futuros Erasmus (jejejeje). Las cosas que realmente importaban a estudiantes, porque lo primero que se aprende, aunque no se quiera, son los insultos. No nos engañemos.

Cuando llegué a Nápoles, mi italiano era muy justito pero lo suficiente para medio comunicarme. Sin embargo, mi idea fosilizada de a ti se te dan mal los idiomas estaba ahí, talandrando mi cabeza, especialmente cada vez que confundía “allora”, “adesso”  y “ancora “. Recuerdo pensar: ¡Terminaré el Erasmus y los seguiré confundiendo! Pero no. ¡Fuck you allora!

Además tenía que asistir a clases de italiano y, literalmente, las clases eran: “encuentra los artículos determinantes en este texto”. A la segunda lección ya ni asistí. Qué aburrimiento, señóh. Aprendía más hablando con mi compañera de piso mientras veíamos Marsha y Oso (sí, la muy puñetera nos hacía ver TODAS las noches dos capítulos de la serie animada jajaja), que en tres meses buscando los dichosos artículos determinantes. Y así fue, aprendí un cojón y medio. Terminé el año con un C1 hablado y un B2 escrito. Lo prefiero así, y no al contrario.

Aprendí italiano por dos motivos: lo primero a tener dos compañeras de piso italianas, que en verdad eran mis mejores amigas. Y lo segundo, aunque tuviera un grupo de españoles, me movía mucho con italianos. Ésa es la clave. Además de tener otro tipo de amistades italianas jejejeje (“La lengua se aprende en la escuela o en la cama, y a mí estudiar no me gusta para nada” solíamos decir en italiano jejejeje).
De verdad os lo digo, tener amigos españoles es importante, te entienden y llevan tu ritmo de vida. Los italianos no salen todos los días. Pero puedes salir con tus amigos y conocer a otros italianos, “ciao, somos españoles, ¿tú de dónde eres?” y pum, ya tienes a alguien con quien practicar el idioma.

–Tercer idioma:

Al volver del Erasmus viajé a Noruega con la misma amiga con la que fui a Inglaterra. Nos hospedamos por Couchsurfing en casa de un noruego con el que nos comunicábamos en inglés. Bueno “nos comunicábamos” es mucho decir… pero al menos lo intentábamos.
Ahí me di cuenta de que el italiano es precioso, la lengua de signos es mi pasión, pero ¿de qué me sirve eso si el mundo se rige por el inglés?

Hice mis maletas y puuuum… Me fui a Canadá. Trabajé medio año de au pair. Luego me fui a Inglaterra, donde trabajé un año. Aquí te cuento cómo lo hice.

Y sí, puedo decir que el inglés no es, ni de lejos, mi idioma favorito. No disfruto hablar inglés como disfruto cuando interpreto a lengua de signos, o cuando hablo (y gesticulo) con italianos. Aunque no es sólo el idioma, es la gente, es la cultura. Son muchas cosas. Sin embargo, hablar inglés me ha ayudado a poder comunicarme con mucha más gente que cuando sólo sabía LSE e italiano. Y lo más importante, el inglés es el idioma del viajero. Si realmente quieres viajar tienes que al menos esforzarte en chapurrearlo (muy a mi pesar).

Y no sé, al final, con tiempo, también se le va cogiendo cariño 🙂 … pero sin pasarse 😐

¿Habrá un cuarto idioma?

Con el inglés no he terminado, tengo muy claro que algún día aprenderé francés, porque nadie te puede decir lo que puedes aprender o lo que no. También me gustaría aunque sea hablar un poco de portugués y hacer un curso básico de árabe.

He pasado de odiar los idiomas a hablar cuatro y fantasear con aprender más.

He demostrado que el inglés se me da “bien”. Está claro que hay idiomas más fáciles que otros (si eres española, hablar italiano te va a resultar más sencillo que a una alemana) y yo simplemente necesito más tiempo que otras personas para recordar los phrasal verbs del capullo o borrar expresiones fosilizadas en mi cabeza como “How are you? I’m fine” (porque os aseguro que casi nadie usa eso, me quedé de piedra con “how are you doing? Good”)

Pero lo que realmente he aprendido, más allá de los idiomas, es que nadie te puede decir en qué eres buena o en qué no, que nadie te debe cortar tus alas. A mí me las cortaron con el francés, pero me han salido tres más y algún día crecerán las alas francesas, me acercaré al colegio y les daré con ellas en todo el hocico a los ineptos que me dijeron: “no, tú no vales”. Y huiré volando y haciendo la croqueta.


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