Un viejecito me dejó su ordenador y esto fue lo que vi

Cris del 2017 Contextualización:
Esta entrada la escribí el 4 de septiembre de 2014 en el otro blog supercutre que tenía.
En 2014 me fui de Erasmus a Nápoles. Poco después de instalarme, salí de casa a conocer un poco la zona y ésta fue una de mis primeras anécdotas…

Querido diario napolitano:

(Momento Mosby de HIMYM):
Chicos, os voy a contar la historia de cómo conocí a mi viejo amigo y rompí mi relación con Vodafone.

Septiembre de 2014
Todo empezó cuando me compré la tarjeta prepago de Wind (1giga, 200 minutos y 100 sms a Italia por tan sólo 10 leuros… ¡bien!)

Metí la tarjeta en mi móvil español, metí el pin, y el número de liberación que mi padre me había dado. Pero cuál es mi sorpresa que se me bloquea el móvil y me pone que debo contactar conmigo misma para devolverme mi propio móvil antes de una hora, si no se me bloqueaba la aplicación (Vodafone Protect cara-de-odio-máximo).

Bueno, a to’ esto, yo andaba sola por Nápoles y sin llaves de la casa (ahora sí tengo jajaja)… Andé y andé (que se dice anduve, pichisgilis) sin saber muy bien adónde…

Pero cuán grande es mi suerte, que paso por una calle donde hay un viejecito en la puerta de su “casa” (y digo “casa” por no llamarlo salón-concina-baño) con una mesa y un ordenador. Así que me pongo el pintalabios rojo que llevo siempre en mi bolso (emmmm… NO) y con una sonrisa le comento mi situación. El viejecito me dice que espere a que termine la partida de póquer online que está jugando (WTF?) y que luego me deja su ordenador, que él no sabe manejarlo más allá del póquer En el blog napolitano no expliqué con detalle qué pasó después porque me daba un poco de vergüenza, pero voy a contarlo porque de verdad que no tiene desperdicio.
L
a situación es la siguiente: Yo sentada con la mesa en la puerta que daba a la calle. El hombre estaba sentado en el sofá detrás de mí viendo la tele muy tranquilo, pero claro, él podía ver lo que yo estaba haciendo, que en verdad era una odisea.
Como mi móvil no iba, no podía llamar a mi padre, y mi padre de la nada no lee correos electrónicos. Así que le envié uno a mi novio de aquel entonces rezando para que tuviera la -p*ñetera- notificación de los correos puesta. Cuando le contacté a él, él contactó a mi padre. Mi padre le contestaba a él y él me escribía sus respuestas por correo. ¡Todo un show!

Bueno, pues eso, que estaba de espaldas intentando arreglar mi vida para poder volver a casa, el hombre viendo la tele y echando un ojo a ver qué hacía (lógico y normal), yo evitando a toda costa no enloquecer y despedirme de la vida haciendo la croqueta… Y como la situación no podía ir peor, no sé qué p*llas toqué, que me salió una página de porno to’ guapo (¿lo pilláis? “no sé qué p*llas toqué” jejejejej). Poh na, que me aperecen tíos ahí dándole duro, chicas fingiendo a saco, yo dándole al botón de retroceder, pero cuanto más le daba, más tetas me salían (cada vez más grandes), yo ‘taba ya desesperá. Lo intenté todo, con el ratón, con el teclado… y mientras gritaba “mierda, mierda, mierda, no se quitaaaaaaaaa (¡pero qué cojonesss! jejeje)” Por fin conseguí quitar el último bukake emergente y dije “Bene, mio padre ha risposto” así, pa’ disimular, como si no hubiera pasado el momento más embarazoso de mi vida mientras sabía que el agradable viejecito estaba detrás viendo cómo la desesperada jovencita le daba al porno.

Y ahí estuve, tirándome de los pelos durante una hora y hablando con el viejecito mientras me tomaba una fanta de naranja que me ofreció muy amablemente justo después de toda esta situación, supongo que porque me vio un pelííííín estresada y querría quitarle “dureza” al asunto… jejejeje

Y esto, napolitaneros míos, son #CosasDeErasmus.

PD: Finalmente, se consiguió desbloquear el móvil (volver a bloquear y desbloquearse de nuevo).

Cris del 2017
Quitando la parte cómica (bueno, cómica ahora, en su momento ‘taba yo bonica, ¿sabono?) la moraleja es: a los viejos napolitanos le gustan los bukakes…
¡¡¡Nooooo!!! ajajajaja Bueno sí, pero a lo que me refiero es que f
ue la primera vez que iba sola, por un país extranjero, en el que se hablaba un idioma distinto y sin manera de contactar a nadie (y encima sin llaves, que eso es muy mío).
Lo bonito de la anécdota es que me di cuenta de que la gente realmente quiere ver porno y ayudarte cuando estás sola y un poco desesperada.
Este hombre me dejó usar su ordenador para que pudiera ver porno y contactar a mi padre a cambio de absolutamente nada ¡e incluso me ofreció una fanta! Que, ahora que lo pienso, es lo que mi abuela hubiera hecho seguuuro (lo de ofrecer la fanta, no lo del porno).
Recuerdo que me estuvo contando acerca de sus hijos, me estuvo preguntando cosas sobre España y fue muy paciente con mi carencia del idioma.
Viajar sola te hace espabilarte, aprendes a buscarte las castañas, aprendes a resolver situaciones complicadas, como es preguntar si puedes usar el ordenador del viejo que está jugando al póquer en la puerta de su cuchitril y entablar una conversación con él mientras veis porno juntos.

La gente es buena y quiere ver porno y ayudar,
sólo tenemos que empezar a creérnoslo.


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